El extranjero te permite ser tú mismo al hacer de ti un extranjero.
Edmond Jabès
Migrar hacia un pueblo desconocido
es sostenerse de otra lengua
nacer de nuevo y balbucear.
Es aferrarse, aún más, a tu lengua primordial
a la pequeña patria que en ti palpita.
“Cuando la noche obnubila mi razón
todo se enreda
como si yo fuera tú
como si tú fueras yo.”
Luego con tus manos sirvo
y con mis manos recibes.
Una sola tristeza un único sonrojo una sola persona.
Entonces nos entregamos al canto: “Oh vida, vida mía
Oh suerte, suerte mía…
Como el vasito de cristal
una sola vida…
Como el vasito de cristal
una sola suerte…”
En la puerta de la fría choza,
mientras comía un pan desabrido
he recordado
el más inquietante sueño de mi infancia:
“Río… cual blanca espuma tuya,
girando y girando
quisiera marcharme contigo…
Viento… cual ennegrecido alambre
silbando y silbando
quisiera extraviar mis huellas…”
“Beee! Beeee! Beeee!”
Huérfana mía, ovejita mía:
Nunca presagiamos
esta orfandad.
Ven, acércate,
tal vez tu presencia endulce este pan.
“Beee! Beeee! Beeee!”
Huérfana mía, ovejita mía:
Hoy se ha endurecido
el corazón de mi tamborín…
Y hasta en los cerros distantes
el llanto de caminos nevados.